Leídos capitanes intrépidos

Otro capitán pirata. Con su mapa del tesoro, y el Quijote para leer en soledad allí, en la incógnita isla donde será abandonado o, a donde lo llevará su codicia luego de haber arriesgado y perdido su barco contra los atolones.
Incluso va a poder comentarlo con el loro que se lleva.
Les dije que me gustaban los barcos a vela? Bueno, me encantan las de piratas!
Meditando un poco sobre el tema... viendo a los dos capitanes piratas publicados últimamente: debe haber sido un tipo interesante, el cirujano de Tortuga, no?

A la caza de tesoros


Un motivo marinero más, pero visto desde una menos feliz perspectiva, en esta vieja ilustración mía donde un buzo hurga entre los restos de un naufragio, y un servidor sigue la brújula del universo Hergé.
Me acuerdo de que para el barco me inspiré en el Mayfower.

José.

Me tienen harto, harto, los vociferanes, los ampulosos, los relativistas, los mentirosos, los memoriosos olvidadizos, los equivocados reincidentes, los alambicados, los traidores, los empobrecedores, los saqueadores, los profanadores, los disfrazados, los que le encuentran la vuelta, los quintacolumnistas, los irresponsables, los sordos, los que la tienen posta, los peores ciegos, los que todo se lo han llevado pero, los que siempre le encuentran explicación a lo inadmisible, los sinvergüenzas.
Los faltos de buena voluntad, los amargados, los estafadores del ánimo, los malintencionados, los partidarios del sacrificio ajeno, los discursivos enrevesados, los que siempre están a salvo, los que van a ver la verdad cuando sea tarde, los siempre adeptos a la mayoría que juegan de minoría.
Los que se dicen ateos mientras recitan una misa, los que se dicen historiadores, pero prostituyen la historia, los que se llaman populares, pero desprecian al pueblo, los que se dicen libres, pero son esclavos.
No han dejado nada.
Ni la memoria, ni el sereno derecho al Relato de Nuestros Padres, dejaron.
Ni los colores y la mirada del hermano en las mañanas de agosto.
Ni las palabras que perfumaban a laurel, para llevarse a la boca. Ni la celeste imagen del firmamento.
Sin embargo.
Si apoyamos el oído en la tierra olorosa, podemos escucharlos.
Si abrazamos los árboles centenarios, podemos sentirlos.
Son los ecos de la Historia. Están ahí, somos capaces de percibirlo. Si aguzamos el oído, cabalgando a pelo el honesto viento, nos hablan y nos señalan el camino.
Y tenemos todavía tu ejemplo.
Somos ricos.

Mi única Patria, la Mar (y el choripán mi bandera)


Sí, hubo una época en la que el mundo de la piratería era ajeno al de las descargas ilegales de música (debo decir que los muchachos de Somalía no lo están haciendo mal).
Para Editorial Richmond, un capitán pirata que por algún motivo tenía que tener una inexplicable ristra de chorizos atravesada en su garfio, ilustraba una canción que seguramente no era la del cajón del muerto.

Un día agitado, sin duda



Después del soneto 45 de La Urna, de Enrique Banchs, vuelvo a mi metier de ilustrador revisionista, posteando antiguos dibujetes. Aquí les pego un encargo de Editorial Santillana, donde de alguna manera tenían que apreciarse distintas situaciones peligrosas sobre las que se desarrollaría la lección. Gatos neuróticos que en su cazadora frustración empujarán un macetón al vacío que alguien dejó muy mal ubicado, niños desobedientes que cruzan las calles sin mirar, conductores de depredadora naturaleza que lanzan sus coches sobre los peatones, inocentes perritos trotamundos, viriles trabajadores que corren riesgos inútiles, patinadores, carteros accidentales, imprudentes surtidos, osados distraídos. En fin, el barrio convertido en un muestrario de temeridades de divertida exposición, cuyo dramático desenlace simultáneo dejo librado a la imaginación del lector.
Y que nos dicta una solemne enseñanza: niño, hay que mirar dos veces hacia ambos lados antes de cruzar la calle.
Y por las dudas, salir con casco.

Banchs

El áspera razón de abandonarte
aunque tiempos mejores nos sonrían,
no es de las que en epístola se envían
ni de las que, sutil, decora el arte.

Es razón de decir entre sollozos,
porque es así como uno la adivina,
y valida de penas asesina
firme esperar de justos alborozos.

De una pobre apariencia, es, sin embargo,
la imperiosa razón de tanto embate
que a honrado corazón mucho combate.

Pues siempre hidalgo bueno bebió amargo,
cuando frustrado su derecho había
el pan fundamental de cada día.

Otoño



Empezó de una vez perra mi estación preferida.
Termina el otoño y da paso al invierno. La lluvia llega y trae sonido, reflejos y colores nuevos. Es el agua que viene, liberadora. Vendrá arrastrando, después de ella, nuevos y frescos vientos.
¿Llenaste alguna vez los pulmones con ese olor a lluvia nueva, finalizando el otoño?
Justo antes del aguacero, y ya empezada la tormenta, posteo estos dibujitos que resolví para Editorial Santillana, donde los vecinos siguen felices y cotidianos su vida bajo la nueva lluvia.




Banderas en tu corazón

En días donde todos somos cancheros y piolones, y hablamos de ese enorme edificio que es la Patria con afectada distancia, como una "construcción positivista", este poema épico es un gesto más de resistencia.
No es una gran poesía –Obligado no es Borges– pero lleva dentro unas líneas que, aún leídas una y otra vez, siempre me emocionan.
Es recalcitrante, como también son los patios y las abuelas. A veces incluso hasta molesta un poco, sin embargo resuenan en ellas palabras que hemos olvidado, que parecen pertenecer a otro país, no haber sido nuestras nunca, y a las que quiero recuperar y aferrarme.
Ya los escuchamos. Ya vociferan, peroratan y escriben, los analistas del éxito, los periodistas de la historia, sobre Belgrano, el derrotado.
Yo quiero publicar estos versos de Obligado, para festejar a mi Prócer, que no pensó nunca en lo que perdía personalmente, sino en lo que esperaba construir de estas tierras, siendo sólo una gota más de la lenta cadena que perforaría la piedra.
Hoy es el día de la Bandera.
AYOHUMA

A Carlos Vega Belgrano.

Esas músicas que están
Resonando de tal suerte,
Son la voz perenne y fuerte
Del clarín de Tucumán;
Y aquellas que al aire van
Veloces, rumbo a la gloria,
Son el eco que en la historia
Nos conmueve y nos exalta,
De las campanas de Salta
Que están gritando: ¡victoria!

¡Belgrano! ¡Libertador!
¡Nuestro primer ciudadano!
¿Quién dice Manuel Belgrano
Sin que se sienta mejor?...
Pudo el destino traidor
Que a tanta virtud abruma,
Arrojar la densa bruma
De Vicapugio a tu frente,
Y basta hundirte en la inclemente
Noche inmensa de Ayohuma;

Pero no pudo, en su afán,
Dejar muda la voz alta
De las campanas de Salta,
Del clarín de TucumÁn...
Y allá suenan, allá van
Veloces, rumbo a la gloria,
Desbordando de la historia
Sobre el Andes, sobre el llano.
Diciendo a todos: ¡Belgrano!
Clamando a gritos: ¡victoria!

Voz que alienta, himno que suma
Nuestras glorias, y aún dormidos
Oyen los muertos queridos
De la pampa de Ayohuma;
Voz que animadas exhuma
Y entrega a nuestras visiones
Aquellas santas legiones
De la patria y su bandera.
En cuyo sol reverbera
Siempre fuego de cañones.

¡Ayohuma!¡Ingrato día
En que, rasgada la entraña,
Sola, en áspera montaña,
La dulce patria moría!
Exangüe ya, se batía
Por las Áridas mesetas,
Y las columnas inquietas
Del ejército español
La envolvían, bajo el sol.
En chispear de bayonetas.

Tras la carga resistida.
Su misma sangre pisando,
Iba la Patria arrojando
A borbotones la vida.
Zelaya, suelta la brida,
Con sus jinetes se avanza,
Y a limpio bote de lanza
Hace en las filas reales
Callar las dianas triunfales,
Rugir la adusta venganza.

Superi rueda al abismo
Y los infantes de Cano;
Solo atraviesa aquel llano.
Solo, confiado en sí mismo.
El que en su heroico idealismo
Se goza hendiendo leones.
El que no cuenta legiones
Y es personal en la lid:
¡Solo se va La Madrid
A acuchillar los cañones!

Mas ¡ay! en vano irradiaron
Luz esplendente sus hechos:
En pelotones, deshechos,
De cuesta en cuesta rodaron.
Pero en Zelaya vibraron...
Los arrebatos postreros:
Vuelve Á trepar los senderos
Que el español desaloja,
Y a contenerlo se arroja
Con su turbión de lanceros...

En la profunda quebrada,
Al pie del cerra vecino,
Suena el clarín argentino
Tocando inmensa llamada.
Sereno el pecho, la espada
A mal guardar, la visera
Alta en la frente guerrera,
Marcial y firme la planta,
Manuel Belgrano levanta
Con muda fe su bandera.

Al gran clamor obedientes.
Van los dispersos llegando,
Unos, bravíos, alzando
Las armas resplandecientes;
Aquellos mustios, dolientes.
Llenos de afán y sonrojos;
Otros, más que hombres, despojos;
Que, arrastrando su desmayo.
En la bandera de Mayo
Ponen el alma y los ojos.

Firmes, en cuatro formaron,
Y, a un breve toque marcial.
Se arrodilló el general...
Y todos se arrodillaron.
Como en Tucumán, alzaron
La oración que el alma exhala,
Y que fué, tendida el ala,
Hacia las místicas redes
De la Virgen de Mercedes,
Su radiante Generala.

Del cuadro, en fúnebre son,
Se difunde en ese instante
Un hervor de agonizante
Que estremece el corazón.
Perturbando la oración,
Jura, impío, un veterano,
Otro al hijo llama en vano,
Aquél se alza a una descarga,
Y, delirando: “¡A la carga!”
Rueda a los pies de Belgrano.

Un silencio va cundiendo
Grave, triste, religioso.
Que a veces rompe, rabioso.
De un fusilazo el estruendo.
Suelta el sol, que está muriendo.
Su corona rota al mar,
Y se oye al lejos sonar
Como estertor de aquel día,
Vagarosa melodía
Que va llorando al pasar...

1892
Rafael Obligado



A la mar!


Abandonemos por esta vez los buques de gran calado, so marineros de grandes presupuestos!!
Acabo de encontrar, revolviendo entre pixeles, las aventuras del gran Kentucky Smith. 
Fue un comic que dibujé hace años de años para Richmond. La idea era identificar a los estudiantes con las aventuras del personaje. Así que les propuse a Mr. Smith, muy inspirado en Indiana Jones y, a la busca de cierta reinvindicación, cruza con Tintín. Ya les contaré más. Creo que anduvo bien, aunque ahora percibo como un tanto temblequeante mi pulso de aquel momento, todavía me gusta mucho el resultado.
Va Kentucky, haciéndose a la mar, a la caza de aventuras, en un pequeño bote.

Por su bravura, el Temido


Del uno al otro confín... Aunque no tiene nada que ver con piratas, sigo haciendo mis buquecitos. Ninguna bandera negra, nada de tibias cruzadas, ni cimitarras, ni calaveras. Un civilizado buque va, en este caso, zarpando de Nueva Zelanda, seguramente hacia Australia.

Detalles tontos como veleros



Hace unos días que no publico nada porque estoy dibujando. 
Y aunque el pedido no tiene nada que ver, y posiblemente este detalle se diluya en la ambientación del mapa que me encargaron, colé este buquecito. De esta ilustración, este barco llegando a las costas de Escocia fue en lo que más me detuve. Como ya les comenté, posiblemente pase desapercibido, lo publico acá para darle algo más de importancia al detalle en el que me demoré a lo mejor estúpidamente, pero que a la vez disfruté mucho hacer. 

Qué le voy a hacer... ya les dije que me gustan los viejos barcos a vela.


Máquina del tiempo retro


Les dejo una máquina del tiempo que me encargaron para un manual de inglés de Editorial Macmillan. Se iba a usar como fondo de página y el brief definía que no debería ser muy moderna, ni tampoco muy retro –como me hubiera gustado más: tirando a la versión steampunk avant la lettre de la película clásica sobre la novela de H.G. Wells–

Bueno, una Time Machine Retro ma non troppo.



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